Quien descubre la existencia de Granadilla y hasta allí llega, queda inmediatamente impresionado por las robustas torres de su castillo. Atravesar la puerta de su muralla y pasear entre sus callejuelas, sus jardines y sus casas de colores, contemplar las vistas del embalse Gabriel y Galán

desde la muralla y jugar en el laberinto de paredes y huertas de la zona derruida, suele transformar una visita casual y curiosa en una memorable experiencia que inevitablemente te invitará a hacerte preguntas.

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La mayoría de los visitantes, en su primera vez, se sorprenden al descubrir que no existe taquilla en este imponente recinto fortificado, que en sus decenas de casas no vive nadie, pero que ni siquiera hay una tienda donde comprar un recuerdo o una cafetería donde tomar algo para prolongar el disfrute de la visita. Hasta hace poco, solo te podías encontrar por allí a los estudiantes de un programa de rehabilitación, en buena parte responsables de lo bonito que se mantiene el lugar. Pero el programa de rehabilitación este año no ha sido renovado, quedando Granadilla en un futuro incierto.

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¿Qué cuál es la historia de este lugar? ¿Qué por qué está deshabitado? Os invitamos a descubrirlo leyendo el artículo que Carla Martín Bouzón ha escrito este mes para el Periódico LA ALDABA, dedicado a la historia de Granadilla. Por nuestra parte, confiamos en que las autoridades extremeñas no desatiendan una joya turística como esta e intervengan para garantizar su cuidado y buen aprovechamiento. Mientras tanto, Granadilla no para de recibir visitas a diario dejando una bonita y marcada huella en la memoria de quienes acudieron a ella.

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Y si todavía no estás seguro de que valga la pena ir a ver Granadilla, echa un vistazo a nuestra visita virtual y ¡vuélvete a enamorar de Extremadura!